Rezar es hablar con Dios con sencillez y confianza. No hace falta usar palabras difíciles, sino abrir el corazón y ponerse en su presencia con humildad y verdad.
La oración puede hacerse de muchas maneras: dando gracias, pidiendo ayuda, ofreciendo el día, alabando a Dios o simplemente guardando silencio ante Él.
Rezar no es repetir palabras sin pensar, sino vivir un encuentro con el Señor, que siempre nos escucha y nunca nos abandona.
La oración crece poco a poco y se fortalece con la constancia. Nos ayuda:
a confiar más en Dios
a encontrar paz en el corazón
a descubrir su voluntad
a vivir con más amor y esperanza
Puede hacerse en cualquier momento, pero ayuda mucho reservar cada día un pequeño tiempo para Dios.
Rezar es caminar con Dios cada día, poniendo en sus manos la vida entera con confianza de hijo.